La pintura gótica implica grandes cambios respecto a la pintura románica debido a la sustitución de los muros por vidrieras, lo que supone la búsqueda de otros soportes y técnicas.
Al principio, el protagonismo será casi exclusivamente de las vidrieras y de la iluminación de libros con miniaturas, desarrollándose en una fase más avanzada del Gótico la pintura sobre la tabla. Las técnicas empleadas en pintura son variadas, según los soportes: en pintura sobre tabla el temple, con aglutinante de huevo o colas, permite su aplicación con finos pinceles, lográndose un gran detallismo y colores más intensos y brillantes, y, a partir del siglo XV, también el óleo, con aceites como aglutinante del color, lo que permite el repinte; y el fresco en las pinturas murales allí donde siguen siendo importantes.
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