jueves, 14 de enero de 2016

Características de la pintura y la escultura románica

La Pintura románica se limita a los siglos XI y XII, aunque puede extenderse a los periodos denominados convencionalmente como "Prerrománico" (siglos V al X) y "Tardorrománico" (siglo XIII, coexistiendo con el denominado convencionalmente como "Gótico").

Llamando pintura románica en conjunto a la desarrollada en Occidente desde la invasión de los bárbaros hasta mediados del siglo XIII en que empezó la gótica pueden distinguirse en ella varios estilos a semejanza de la arquitectura, destacando los siguientes:
El estilo de imitación bizantina y el románico se manifiestan en pintura mural, miniaturas y mosaicos; mientras que los estilos restantes son propios de miniaturas o iluminaciones de códices ya que han desaparecido las demás obras de los mismos.

El origen de las formas y la iconografía es doble: el mosaico bizantino, revitalizado en el Sur de Italia; y la tradición altomedieval de iluminación de manuscritos en los scriptoria monásticos de España, Irlanda y Centroeuropa. La plástica románica está dominada por el horror vacui, la necesidad de llenar los espacios vacíos, tanto en las páginas de los manuscritos como en los muros de las iglesias, de formas y colores; preferentemente formas sintetizadas y simétricas, delimitadas por trazos rígidos (contornos de líneas negras), y colores puros y brillantes, lo que se ha interpretado como una reacción a la oscuridad tanto de los edificios como del ambiente vital.





La Escultura románica, se inserta en general, dentro del arte románico, incluida la comunicación entre la Iglesia católica y entre los fieles, monjes y dinastías califales de la época lo que es el reino de Dios en la tierra y el templo. Así, la escultura tuvo una estrecha relación con la arquitectura, insertándose como un elemento complementario, y se dedicó principalmente a la enseñanza de las escenas bíblicas con relieves de piedra que fueran comprensibles para los creyentes laicos. Esta actividad se desarrolló entre el siglo XI y el XII, en correspondencia con las diferentes partes de Europa, del siglo XII o la primera mitad del XIII.

Es el románico del siglo XI, en el que se dan a conocer las primeras obras de escultura monumental que se presentan desde el siglo V, periodo en el que dejan de existir piezas de bulto redondo (piezas tridimensionales) y observan un aumento de la producción de pequeña escultura y trabajos en metal, desarrollados durante el período prerrománico.

El empuje del nuevo factor de producción de la escultura fue la ruta de peregrinación hacia la Catedral de Santiago de Compostela, a lo largo del cual se levantaron nuevas iglesias bajo la organización de la Orden de Cluny. Estos templos fueron construidos en lugares de paso en este periodo de fervor religioso, para una acogida espiritual de peregrinos y la exposición de las reliquias. Francia y el norte de España son también lugares donde se puede ver los ejemplos de la primera producción de la escultura románica aplicada a la arquitectura. Además de la piedra, la madera fue un material importante para la construcción de iglesias sobre todo en la parte norte de Europa y para las imágenes exentas de devoción o de altar que pocas veces se trabajaron en piedra, la madera policromada fue el material más utilizado y, a veces, estaba recubierta con metales de bronce o plata. Al principio del periodo románico, los buenos artesanos debían instruir con sencillez y emocionar con la expresión vigorosa de su arte.
La escultura románica, sin llegar a desenvolverse con la perfección de la arquitectura, siguió los mismos pasos y evoluciones que la escultura griega, contribuyendo a su formación y desarrollo las mismas causas que para la arquitectura. Se inspiraba con frecuencia en los dibujos y figuras de los códices regionales y de los tapices venidos de Oriente.

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